Extranjerismos y corrección: el dilema de las palabras extranjeras

Extranjerismos

Más de una vez en el trabajo editorial, los correctores hacen una pausa para contestar dudas de sus clientes sobre los extranjerismos. «¿Qué es lo correcto: “El ‘staff’ de la empresa” o “el personal de la empresa”?»; y si se da la primera respuesta: «Y ¿cómo se escribe: “staff” o “estaf”?».

Las palabras provenientes de otras latitudes abundan en el glosario personal de los hablantes de cualquier lengua, estén aquellas registradas o no en un diccionario reconocido: sándwich, garaje, búnker, gourmet, spa, quimono

Los extranjerismos, términos foráneos que introducimos y conservamos en nuestro vocabulario, aumentan con nuestro conocimiento del mundo y un intercambio cultural cada vez más acelerado y constante entre las sociedades más diversas, inclusive aquellas donde domina un sistema lingüístico común.

La introducción y la permanencia de términos foráneos en nuestro vocabulario aumenta con nuestro conocimiento del mundo y un intercambio cultural cada vez más acelerado y constante entre las sociedades más diversas, inclusive aquellas donde domina un sistema lingüístico común.

Una circunstancia semejante exigirá ineludiblemente que un corrector se involucre de lleno en el proceso de creación textual, provisto de criterios sólidos relacionados con el uso adecuado de extranjerismos, de los cuales sobran ejemplos: glamour, default, staff, laptop, smartphone

 

Cómo abordar los extranjerismos

Primeramente, el contexto y el registro textuales, junto con la naturaleza del contenido y el público lector objetivo, fundamentarán el tratamiento de las palabras extranjeras, más específicamente el uso de las grafías originales por sobre préstamos lingüísticos ajustados a las pautas fonéticas de la lengua o sus equivalentes semánticos.

Sobre cómo abordar el problema de los extranjerismos desde el ámbito de los correctores, podemos partir de un principio epistemológico; es decir, mientras más básico, pedagógico o didáctico sea el texto por corregir, mayor deberá ser la preferencia por los términos equivalentes en lengua española, y en segundo lugar aquellas palabras creadas a partir de adaptaciones fonéticas.

Este punto se refiere a textos de enseñanza primaria o aquellos dirigidos a cultivar el hábito de la lectura entre los más jóvenes; es decir, en un libro de sexto grado se optará por “jardín de infancia” o “jardín de niños” por sobre “kínder” y este último por sobre “kindergarden” u otras grafías similares al alemán original Kindergarten cuando se hable de ese recinto escolar.

El fin último de la decisión será apoyar al máximo la educación del niño hablante en cuanto al idioma impartido, al evitar presentar al educando una morfología o un modelo de pronunciación que —por estar fuera de la situación oportuna— puedan generarle una confusión innecesaria.

Luego, a medida que el público lector sea de mayor edad o de mayor especialización académico-profesional, el criterio de corrección empleado deberá abrirse para aceptar un léxico más extenso —por ende, expuesto a la influencia de lenguas extranjeras— que permita una comunicación con matices diversos.

En esos casos, el corrector deberá considerar una opción adicional: el uso del término extranjero sin lexicalizar, lo cual obligará a emplear las herramientas tipográficas disponibles (letra cursiva en primera lugar, entrecomillado como segunda opción…) para enfatizar que el término no solo proviene de un sistema lingüístico diferente, sino también pertenece a un sistema fonético distinto.

 

Una secuencia posible de corrección de extranjerismos

  • Garage (grafía original del francés) > garage / “garage” (formas sin lexicalizar y con marcas tipográficas distintivas) > garaje (forma lexicalizada y aceptada por la RAE).
  • Whisky (grafía original del inglés) > whisky / “whisky” (sin lexicalizar) > güisqui (lexicalizada y aceptada por la RAE).
  • Home-run (en inglés) > (el) jonrón, (los) jonrones (lexicalizada y aceptada) > cuadrangular (adaptación aceptada del concepto home-run).

 

Cuando los extranjerismos se resisten

Ahora nos acercamos a una idea que a algunos podrá parecer controversial.

De la misma forma en que jonrón ha encontrado la aprobación de los hablantes del castellano caribeño, otros términos especializados —algunos provenientes de acrónimos en inglés— han sido aceptados como válidos: baipás, módem, láser, led… Sin embargo, existe una cierta reticencia a la lexicalización de otros, como software, show, hit o performance.

En esos casos, un corrector no debe dudar en presentar todas las rutas posibles, entre ellas una adaptación fonética apropiada al sistema lingüístico en que se trabaja y la flexión de la nueva palabra (su género gramatical y cómo forma su plural), siguiendo la secuencia antes mostrada; esta vez con performance:

  • Performance (del inglés) > performance / “performance” (sin lexicalizar) > (el) performans, (los) performanses (con lexicalización) > rendimiento (como proporción entre los medios utilizados y el resultado obtenido) / desempeño (acción y efecto de desempeñar) / (re)presentación (en el ámbito de las artes escénicas)

La mejor estrategia para tomar la decisión editorial acertada respecto a los extranjerismos implica 1) conocer las pautas fonéticas de la lengua generadora del término, pues no todas tienen una representación gráfica similar a la propia (véase el ruso, el árabe o el japonés, por mencionar solo algunas), 2) investigar sobre las alternativas a un término dado en cuanto a sus cargas semánticas y 3) admitir la posibilidad de utilizar formas particulares que al principio podrán lucir extrañas (lapto en vez de laptop), pero que funcionan para transmitir el mensaje deseado.

Aunque debemos recordar que siempre quedará de parte del autor o del equipo editor por cuál alternativa decantarse finalmente, lo que queda claro es que el corrector debe ofrecer esas salidas, sin ambages, todo en pro de realizar el trabajo más completo.

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