El corrector de textos

El corrector de textos

Al corrector de textos lo mueven principalmente la pasión por la lectura y un respeto por el lenguaje. El porqué de la corrección de textos está en saber aprovechar nuestras ideas sistematizando el método de trabajo para conseguir resultados óptimos.

El potencial de corregir es un rasgo común en los seres humanos, tan llenos de defectos como estamos, por medio del cual buscamos mejorar en todo ámbito de la vida cotidiana.

¿Qué nos mueve a corregir textos? Al hablar de esta profesión, la pasión por la lectura y un respeto por el lenguaje son generalmente las fuerzas que nos llevan a convertirnos en correctores de manera “oficial”.

La corrección de textos, más allá de su significado más básico, es un oficio —o un arte, dependiendo del afán con que se lo aborde. Podría decirse también que nace de la necesidad de revisar concienzudamente una obra antes de ser publicada gracias a ojos inmunes a “la ceguera de escritor”, lo cual justifica la existencia del corrector en el campo editorial, cuya función quedaría definida como sigue: asesorar sin reserva respecto a los obstáculos lingüísticos o gráficos que dificultan la comprensión de un escrito.

La corrección implica leer e interpretar, a fin de comparar con destreza palabras, líneas y párrafos para encontrar aquello que diferencia lo “bien” escrito de lo “mal” escrito (las ideas bien planteadas y las que no lo son). El porqué de la corrección de textos está en saber aprovechar nuestras ideas sistematizando el método de trabajo para conseguir resultados óptimos.

Resulta indudable que todos en alguna medida somos correctores de textos. Aunque nuestra intervención en un escrito sea fortuita o provenga de un encargo, el hecho de manejar un sistema lingüístico nos da la capacidad de notar los inconvenientes que entorpecen la comprensión de lo leído o escuchado, ya sea porque resquebrajan la estructura de las palabras, enredan las oraciones u oscurecen la trama discursiva.

Aunque existen funciones informáticas como “Ortografía y gramática” o “Revisar texto” (según el programa que se use) diseñadas para hallar errores de morfología, ortografía o sintaxis y que nos brindan la sensación de no necesitar ninguna tediosa inspección posterior para lograr un escrito de calidad, el componente esencial de la corrección de textos resulta ser la voluntad humana, ese intangible necesario que lleva a esforzarnos constantemente para conservar patrones funcionales, modelos que atañen no solo el producto final, sino también el que mueve a perfeccionar la manera en que se trabaja.

El inconveniente —¿otro más?— está en realizar las correcciones mismas, pues todo problema requiere destreza y capacidad para encontrarle una solución.

De lo anterior se deriva que la corrección profesional —bien sea considerada corrección de textos o corrección de estilo— encierra tres retos en cualquiera de sus variantes: 1) comprender de qué va el escrito sobre el que se trabaja atendiendo su estructura y su contenido, 2) utilizar de manera pertinente todas las herramientas disponibles para cotejar lo escrito con la realidad y con lo que se espera de él y 3) mantener un ritmo de trabajo acorde con la producción editorial respectiva.

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2 comentarios en este artículo

  1. ¿Cuál es le límite de la corrección en términos de poesía, por ejemplo? ¿Va hasta la sugerencia con razones de ritmo, cacofonía o repetición o lugares comunes o va hasta definir “cómo debe quedar el poema”?

    Gracias por responder mi duda

    1. Francisco, para la corrección de poesía es preciso acordar los parámetros con cada autor. Se mantiene el lenguaje del autor pero se limpia de errores; adicionalmente se le hacen sugerencias de fondo si son necesarias. En ningún caso, por supuesto, el corrector (al menos es nuestra forma de trabajar) le dirá al autor cómo debe quedar su poema, pero si es posible introducir cambios que lo mejoren, siempre manteniendo el tono personal del autor, se consultará con él en cada caso particular.

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