Adverbios terminados en -mente en la corrección de textos

Adverbios terminados en -mente en “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez
En la página 21 de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, encontramos dos adverbios terminados en -mente en un mismo párrafo. El autor terminaría eliminando estas palabras compuestas de sus obras posteriores.

En el trabajo de corrección de textos, uno de los problemas más comunes con que nos encontramos es el uso excesivo de adverbios terminados en -mente. Nos referimos, para quienes a estas alturas podrían hallarse perdidos, a esas palabras compuestas por un adjetivo y la terminación -mente, y que no tienen otra función que la de convertir el adjetivo en adverbio: justamente, literalmente, prácticamente, verbalmente.

Los adverbios terminados en -mente tienen una notoria particularidad: tienen doble sílaba tónica, pues conservan la del adjetivo que les sirve de raíz, y también la de la terminación -mente. Esto implica que, si existe una tilde ortográfica en el adjetivo raíz de una de estas palabras compuestas, esta se mantiene. Por ejemplo, cortésmente, inútilmente, gráficamente.

 

Adverbios terminados en -mente como dolor de cabeza

En el habla común, como ya dije, estas palabras compuestas nos sirven para darle carácter de adverbio a un adjetivo. Alguien nos dice que le han ofrecido un trabajo con condiciones laborales muy poco favorables y nos aclara: “Obviamente no lo acepté”. Alguien pregunta cómo se prepara cierto platillo y el experto culinario de ocasión nos responderá: “Fácilmente”.

Sin embargo, esa “popularidad” de los adverbios terminados en -mente es un verdadero dolor de cabeza en el ámbito de la corrección de textos. ¿Cuál es la razón? Pues, al permear nuestro lenguaje coloquial se han trasvasado a la redacción sin que el autor se dé cuenta de que, por lo general, los usa en exceso.

 

Gabriel García Márquez y los adverbios terminados en -mente

Conversemos, entonces, con un maestro. El escritor colombiano Gabriel García Márquez criticaba el uso de estas palabras compuestas porque, a su juicio, son un vicio que debe ser evitado. Lo explica así en sus memorias, Vivir para contarla:

La práctica terminó por convencerme de que los adverbios de modo terminados en mente son un vicio empobrecedor. Así que empecé a castigarlos donde me salían al paso, y cada vez me convencía más de que aquella obsesión me obligaba a encontrar formas más ricas y expresivas. Hace mucho tiempo que en mis libros no hay ninguno, salvo en alguna cita textual.

Cuando García Márquez dice que “hace mucho tiempo” que no los usa, ese “mucho tiempo” es posterior, al menos, a su obra cumbre, Cien años de soledad, de 1967. No más empezar la lectura, en la página 21 (tuve la fortuna de encontrar a precio de ocasión la edición especial publicada por la Real Academia Española en 2007), vemos este ejemplo del problema que el nobel critica:

Ligeramente volteado a estribor, de su arboladura intacta colgaban las piltrafas escuálidas del velamen, entre jarcias adornadas de orquídeas. El casco, cubierto con una tersa coraza de rémora petrificada y musgo tierno, estaba firmemente enclavado en un suelo de piedras.

Ya en El amor en los tiempos del cólera, de 1985, se nota el esfuerzo de García Márquez en la eliminación de los adverbios terminados en -mente: una búsqueda de la partícula mente en todo el libro arroja resultados como demente, cementerio o, incluso, la palabra mente, pero ni un solo adverbio terminado en -mente.

 

Eliminando adverbios terminados en -mente en la corrección de textos

Es frecuente que en los textos que nos dan a corregir encontremos el problema del uso excesivo de los adverbios terminados en -mente. Párrafos con dos o más adverbios terminados en -mente son feos plomos en el ala de una obra literaria, pues generan cacofonía y dan la impresión de un trabajo descuidado.

Por regla general, cuando detectamos este problema en un texto, procedemos a explicarle al autor la conveniencia de eliminar tantos adverbios terminados en -mente como sea posible. Nuestra recomendación es eliminarlos por completo, lo cual mejora el estilo de una obra —como bien lo acotara García Márquez—, aunque a veces el autor prefiere conservar los que crea irreemplazables. Y el autor es quien tiene siempre la última palabra.

¿Cómo eliminarlos? Una solución simple es utilizar una fórmula alternativa. Por ejemplo, escribir por lo general en lugar de generalmente, con facilidad en lugar de fácilmente, con brusquedad en lugar de bruscamente. Y si algo hemos descubierto en la práctica diaria es que en la gran mayoría de los casos se puede eliminar por completo el adverbio terminado en -mente sin que se altere el sentido de la frase.

(Uno de estos días volveremos sobre el tema para comentar el caso de uno de los adverbios terminados en -mente que producen mayores turbulencias en la redacción: literalmente).

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