Pilar Chargoñia: «Los correctores se deben al lector antes que a nadie»

Pilar Chargoñia
Pilar Chargoñia: “El auténtico corrector es buen lector”.

La uruguaya Pilar Chargoñia (1957) es una correctora de estilo que ha ejercido como editora de textos y lectora de originales desde mediados de la década de 1990. «Mi oficio me define. También me define ser hipoacúsica severa», afirma. El sendero que la llevó hasta lo que es hoy fue «escabroso» en sus propias palabras: «Amé siempre la ficción literaria y la docencia. La imposibilidad de recibirme como profesora de literatura por mi deficiencia auditiva me hizo buscar un camino alternativo. ¡Ah, si pudiera leer siempre y me pagaran por hacerlo!». Es editora diplomada de la primera generación de la Universidad Centro Latinoamericano de Economía Humana (CLAEH) y docente en Taller I y Taller II desde el inicio de la Tecnicatura Universitaria en Corrección de Estilo de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad de la República.

¿Cuáles han sido sus pasos en el campo literario o editorial? ¿Quiénes le dieron el empujón final para entrar de lleno en ese mundo donde los «buenos sentimientos» no producen el mejor resultado —si nos atenemos a André Gide—?

Mi formación juvenil fue literaria, orientada al profesorado. Con la corrección de estilo empecé en Buenos Aires, al presentarme a llamados para trabajos dependientes.

Recién al descubrir la bibliografía adecuada para los correctores de estilo, a través de la correctora y editora María Cristina «Maqui» Dutto —quien me hizo conocer a un grupo de profesionales de la corrección en Internet, Editexto, de Silvia Senz, y al excepcional José Martínez de Sousa—, fui consciente del valor de la corrección de estilo. Desde entonces tengo claro que para corregir adecuadamente necesitamos bibliografía específica y experiencia a partes iguales.

¿Qué adjetivo usaría para definir al auténtico corrector?

El auténtico corrector es buen lector. La interpretación o comprensión lectora es esencial, ya que promueve la flexibilidad y el rigor al corregir allí donde corresponden.

¿Cuál es su género literario preferido como correctora?

Prefiero corregir el género literario. Aunque no solo de literatura vivimos, también disfruto al corregir obras en los géneros divulgativo y didáctico.

Si existe un texto imprescindible para la corrección, ¿de cuál se trata?

Para la corrección de estilo, la Ortografía y ortotipografía del español actual, de José Martínez de Sousa. A este manual deberemos adaptarle los criterios a los usos regionales.

Avanzar con seguridad en la dirección de los propios sueños y esforzarse por vivir la vida que se ha imaginado llevan, citando a Henry David Thoreau en Walden, a un éxito inesperado. ¿Qué experiencias han sido las más importantes para usted a partir de la corrección?

Mis experiencias más vitales están relacionadas con la colaboración con los autores en la corrección de sus obras, un verdadero aprendizaje. Más tarde, a la relación con los estudiantes en corrección de estilo, un verdadero aprendizaje bis.

¿Cómo han resultado sus contactos con otros profesionales de la corrección tanto en su país como fuera de él?

Reconocer a los profesionales con años de oficio en Uruguay fue una fiesta: «Maqui» Dutto, Majo Caramés, Alejandro Coto y María Lila Ltaif, entre otros, son un enriquecimiento constante.

Fuera del país, debo mucho a conocidos y ya amigos de los congresos de correctores de textos: Norma Tow, Virginia Avendaño y Diana Gamarnik (Argentina); Ana Lilia Arias y Jorge de Buen (México); Sofía Rodríguez y Fernando Carbajal (Perú); María del Pilar Cobo (Ecuador), Ricardo Tavares (Venezuela), Jacqueline Murillo (Costa Rica); Silvia Senz Bueno, Xosé Castro y Javier Bezos (España), solo por nombrar pocos, que faltan muchos y muy buenos. Soy muy consciente del riesgo de solo nombrar algunos…

A su juicio, ¿cuáles deben ser los alcances de la corrección en el mundo editorial?

Las competencias del corrector de estilo son específicas: mientras no afecten al contenido, que es asunto de editores, todo el resto: ortografía y ortotipografía (unificación, tildación, puntuación, uso de mayúsculas y minúsculas, abreviaciones, grafías de los números y más); elementos de redacción y comunicación; elementos básicos de diseño editorial…

¿Cuándo puede un corrector decir que ha tenido éxito en su labor: al señalar certeramente todos los errores en un escrito, al satisfacer las demandas del cliente..?

El éxito del corrector de estilo se da al desaparecer como colaborador, en un trabajo invisible que elimina los errores de un texto respetando las decisiones del autor, y que convence al autor de que sus correcciones obedecen a un respeto por el lector y de que se basan en la normativa y en la adaptación de esa normativa a los criterios regionales.

Respecto a los ámbitos económico y laboral, ¿qué acciones deben emprender los correctores para mejorar su situación? En vista de los cada vez más frecuentes encuentros, talleres y seminarios relacionados con la actividad, ¿podría hablarse de una eventual federación internacional de correctores?

Los correctores trabajan como dependientes o independientes. Los independientes deberían estar inscriptos en registros impositivos para poder trabajar en todos los frentes, privados y estatales.

Es importante pensar en federaciones internacionales para conseguir contratos laborales. Ser independiente, como lo es la mayoría de los correctores de estilo actualmente, y no tener contratos laborales… hace imposible trabajar solo de la corrección.

¿Qué opinión le merece el desarrollo tecnológico de las últimas décadas en el campo de la edición de textos y la autopublicación? ¿La sofisticación informática entraña un peligro cada vez mayor para los profesionales de la corrección o representa una valiosa coyuntura?

El desarrollo de los procesadores de textos (Word y otros) y de los procesadores de imagen (PDF y otros) es elemental para poder corregir adecuadamente. Por tanto, es valor; sin conocimiento de la informática aplicada a la corrección de estilo se hace imposible corregir bien.

¿A quién o a qué se deben los correctores: al sistema lingüístico, al lector, a la futura obra editada e impresa… o a sí mismos?

Al lector, antes que a nadie, como bien lo señalan las profesoras Patricia Piccolini y Marcela Castro (Claeh, Uruguay; UBA, Argentina), y luego al autor, pues colaboramos con él en la responsabilidad de su obra futura.

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